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Entrando por el sur del  lugar de Tasaraño,   nos encontrábamos   con el antiquísimo   “cunchureiro”, donde  los lugareños  arrojábamos  las “cunchas” del marisco, por un motivo evidente: ya no servían para ser comidas. Con el tiempo,  ese “cunchureiro” se fue convirtiendo en un espacio lúdico, de tertulia y reunión: los niños,  a nuestros juegos ; y los mayores, a contarse historias  o emitir susurros de amor.

Pero la entrada norte  de Tasaraño estaba  desierta y solitaria. Año tras año seguía así. Y nadie hizo nada por dar vida a ese espacio: ni los ricos ni los menos ricos del lugar. Hasta que un día se le ocurrió al bueno del señor  Santos la construcción, allí,  de un “cruceiro”. 

El señor José Santos observaba diariamente, desde su alta ventana, hora tras hora, el extenso y verde valle, la iglesia allá en la lejanía, el camino que cruzaba Tasaraño , los niños que íbamos por ese camino a la iglesia o a la escuela…Y el señor Santos, después de tanto mirar,   se entusiasmó y,  desde la ventana, me dijo  a mí, todavía un niño,  que estaba decidido a hacer algo importante en su vida : construir   allí un “cruceiro”  o comprar un reloj grande para la iglesia.

Y se decidió por el “cruceiro”. Pienso que no lo hizo  por crear un contraste  entre las dos  entradas a Tasaraño: oponer la paz y  devoción del “cruceiro” al bullicio y diversión del “cunchureiro” . Lo hizo porque el señor Santos sentía la amenaza de la nada y él  aspiraba a perpetuarse : no quería morir del todo en Tasaraño, desaparecer sin dejar huella. Y una forma muy buena para esto sería levantar un “cruceiro”,  casi delante  de su casa, con la  imagen de Cristo hacia el camino y, por detrás, la Virgen, a la que podía ver desde su ventana. Los   niños y mayores nos detendríamos, haciendo la señal de la cruz, delante de su monumento. Y propios y extraños  deletrearíamos su inscripción, que no se olvidó de colocar  en él, aunque hubiera que forzarla, dando  el segundo apellido de su esposa  como primero: “COSTEADO POR JOSE SANTOS Y AVELINA DIOS”. Así se sentiría más perpetuado: ¡ Él era Santos y ella era Dios!

¡Y  manos a la obra! Organizó en Tasaraño, muy entusiasmado,  tres carros de vacas y allá se fue a buscar las diversas piezas a Tufións. Era el año 1952. Instalaron el cruceiro con sus tres elementos: la parte central, o propiamente “cruceiro”,  y los dos pilares o cirios  laterales con sus pesados  y vigilantes cabezales. Todo de piedra. Un éxito.

El “cruceiro”, después de tantos años, sigue todavía en  pie, recordando al señor Santos; pero los dos pilares  se encuentran  sin sus cabezales. Y es que, cuando éramos niños, jugábamos con ellos; y el  cabezal de la derecha cayó  sobre  la cabeza de uno de mis compañeros. El golpe fue tremendo;  pero, por fortuna o por milagro del “cruceiro”,  el niño no se murió  y vive todavía  en Xaviña.

¿Se cumplió el deseo de José Santos?  Es verdad que él se ha muerto, como otros muchos de Tasaraño, pero ahí siguen su obra y su nombre en este “Cruceiro” , al que llamó , en sintonía con la inscripción,“Santa Cruz de Tasaraño”.

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